Siento tu respiración en mi oído
La siento como aquel día en que nos amamos
Cuando tu piel era como la seda,
Como la espuma del mar.
Todo varió,
El sueño, la distancia.
Pasaron los siglos de la angustia y del temor
Y tu piel siguió siendo de niña.
Eso fue lo que me enamoró:
El roce lejano, la sensación única,
El tacto llevado a lo sublime.
Tus labios como dos frutos
Mojados en los míos.
Ahora vivo rodeado
Por el lejano espacio de tu silencio
Te busco en mis sueños, en mis horas
En los rincones de tu olor
Que dejaste atrás y no viniste a recoger.
Como el día se funde con el anochecer.
Y en esos recuerdos difusos
Persiste tu cara infantil
Y las sonrisas melancólicas que se escapaban
Entre tus mejillas.
Escudriño el aire a mi alrededor
Y aún logro rescatar del olvido
La sensación de tu blanco cuello,
De mis dientes clavándose en tu carne
Bebiendo el más intenso de los sabores.
El placer era infinito
Pero el amor no lo era todo;
Había más escondites en mi mente
Que ahora está vacía.
Está grabado a fuego en mí.
No olvido lo malo y saboreo lo bueno
Porque fuiste, eres, serás,
La impaciente espera que libera mi alma día a día.
Este amor, que ahora está hecho
En base a instantes de humo,
Carcome los cimientos
De lo que creí eran mis verdades.
Mi ansiedad más profunda se va contigo
Y se queda el suspiro, el beso, la lágrima, el sudor
Como notas de una melodía inconclusa
Eterna y fugaz a la vez.
