sábado, 22 de marzo de 2008

Antofagasta


Antofagasta es una ciudad - puerto ubicada a 1350 km al norte de Santiago. Tiene la Gran gracia de estar justo en el Trópico de Capricornio, por lo que el día del solsticio de Verano, al medio día, los objetos (y las personas) no proyectan sombra.


Antofagasta llegó a mi vida de casualidad, como supongo que llegan la mayoría de las historias. De esta ciudad, sólo tenía referencias. Claro, que quedaba, al norte, que tenía un "monumento natural" llamado La Portada y que queda "cerca" de San Pedro de Atacama y cerca de Chuquicamata (la mina a tajo abierto más grande del mundo).


No mucho más. Hasta que llegó "ella" la antofagastina y me convenció de irme para allá. Cuántas historias felices en esa ciudad, cuantas anécdotas que ahora cuanto con cierto dejo de nostalgia por días que pasaron y que aún no logro reconocer si fueron mejores o no.


Lo cierto es que, de alguna manera, me enamoré de Antofagasta. Con su urbanismo inexistente, con sus calles de tierra o llenas de hoyos, con esa costanera interminable en la cual no existen playas... Sólo rocas que se abren al más Pacífico de los mares. Con esos acantilados ubicados al norte de la ciudad y que por cierto son un espectáculo sobrecogedor, en especial al atardecer. Con esos cerros desnudos y con el desierto que te recuerda la infinita inmensidad de la cual estamos rodeados y lo pequeños que somos en un mundo que parece no tener límites.


Estar una tarde al sol, en medio del desierto, desierto de verdad, donde no hay vida, salvo los jotes (buitres) que merodean y escudriñan desde los cielos, buscando los restos de una vida que ya no es. Eso es soledad. Que nadie venga con cuentos. Esa sensación de sentirse nada más que otro grano de arena, u otro peñasco en medio del paisaje más yermo y árido que existe en este planeta... Desolación. La más profunda y conmovedora desolación, que te cala hasta los huesos, que hace que se te ericen todos y cada uno de los pelos del cuerpo.


No sé si se puede sentir más soledad que en aquella circunstancia. El desierto es agorafóbico, y a la vez magnético, es una máquina del tiempo. Pensar que esa tierra, esos cursos de agua secos por la ausencia total de lluvias, estuvieron ahí cientos, miles de millones de años antes que yo. Que tal vez por esos suelos inertes, caminaron formas de vida que ni siquiera estan registradas en los libros, que cada grano de sal puede contarte historias que jamás podrías imaginar.


Debe ser horrible perderse en ese paisaje. Por suerte yo siempre viajaba acompañado (guiado) por mi moto, que me esperaba paciente a que yo me alejara de ella para sumergirme en esa sensación de ensimismamiento que tanto y tan morbósamente me atrae. Tal vez es como sentir la muerte cerca de uno, sabiendo que a 500 metros está el vehículo que te puede sacar de ahí.


Incomparable sensación aquella de internarse por los cerros vacíos de cualquier rastro de lo que conocemos por vida y llegar a una cima y ver cómo se abre ante mis ojos un mar infinito, tan infinito como el desierto que tengo a mis espaldas...


Ahora, Antofagasta, te dejo. Con tu Parque Brasil, ese oasis para enamorados y para los temerosos de la inmensidad de la estepa. Con tu balneario, que me regalo tantas puestas de sol junto a la antofagastina. Te dejo con tus edificios antiguos llenos de una historia que jamás logré conocer, pero que es tan antigua como las luchas por el salitre en esta parte del mundo. Te dejo con ese "padre" que me adoptó y al cual extraño tanto. Con tu estadio que me permitió estar cerca de aquel ídolo de juventud. Te la dejo, a la antofagastina, con todos mis recuerdos, para que la hagas feliz. Te dejo con las lecciones de piano que me abrieron los ojos y que dejé al poco andar. Te dejo con mi "bagaje profesional" que me ayudo tanto a crecer y espero haya contribuido en algo a hacer de esta ciudad un poco mejor.


Te dejo también, mis dudas y temores, para que la luz del sol, esa extraña luz que no da sombras, los purifiquen y que la camanchaca húmeda y salobre los lave, los oxide y alguna vez sse conviertan en certezas.


Te dejo con la esperanza de algún día volver para rescatar ese par de zapatos y esa bicibleta que extravié en medio del desierto. Te dejo porque ahora es necesario, te dejo porque te quiero y me quiero y quiero reencontrarme con tu mar cuando esté más grande y más preparado para bañarme en las cálidas aguas de la noche antofagastina.


(Fotografía: La Portada de Antofagasta y sus acantilados).

5 comentarios:

Pilotinta dijo...

Vaya las cosas de la vida, yo que vivo en antofagasta vivo pensando en como será el día que me vaya a hacer mi practica a stgo, recorrer sus lugares y ver si mato algunos vikingos diseñadores por esas tierras y tú que tienes la posibilidad de ir a crear tu vida allá quieres quedarte en antofa, pero bueno asi somos, siempre el pasto del vecino es más verde (podriamos decir que el del Orchard jajajaa broma)

Me gustó tu blog escribes bien para ser del area de las ciencias, es más me lei todo en un rato, entretenido y no fome, a mi siempre me han llamado más la atención los textos..como decirlo con más C.I involucrado, asi que me parecio interesante.
Creo que el blog es para eso de una forma media voyer te das cuenta de otros puntos de vista de las mismas cosas que miraste alguna vez y nisiquiera tomaste en cuenta.

En fin una pena que te vayas, más si te gustó tanto antofagasta, cosa que con los santiaguinos no suele suceder, pero piensa que es empezar de cero a lo "reload" como un ganador, a fin de cuentas una persona que tiene tanto que escribir y es seco en trivial nunca será un perdedor xD

saludos josema
te cuidas
PILI

valeria dijo...

Dejar Antofagasta voluntariamente es mejor que hacerlo obligadamente. Si te vas, sabiendo que tienes las puertas abiertas para regresar cuando quieras, te da una certeza de pertenencia gigante. No tengo dudas de que amas esas tierras más de lo que quizás pueda imaginarme, pero sabes que son ciclos que tienes que ir cerrando para sanar algunas heridas.
Acá en Santiago tienes a tus amigos, tu familia, tu historia. Y no es malo que te reconcilies con ella.
Un abrazo.

Unknown dijo...

No se como llego este blog a mi, pero en fin, asi tenia que ser.
me emocionan mucho tus palabras y sabes que puedes contar conmigo a la distancia. No te imaginas la emocion que senti al ver tus ojos brillando una vez mas, sin esa sombra que tenias cuando te fuiste. sigue asi, todo mejorara

Berni dijo...

Los hogares uno los construye. Son nuestros refugios y recuerdos.
Quizás en Santiago nunca has encontrado tu lugar, allá tuviste tu espacio, con tus cosas.
Para mi es el sur y la calidez de sus habitantes...

Rina dijo...

qué hermoso lo que cuentas. No estuve nunca en Antofagasta, y por todo lo que estás contando me dan muchas ganas de poder ir en algún momento. Yo considero a Santiago mi hogar, a pesar de que extraño estrañamente a Buenos Aires. Si hoy pensara en dejar esta ciudad realmente extrañaría todo. Es increíble como uno va construyendo su hogar sin que sea necesariamente donde nació. Cosas extrañas de la vida.
Saludos!