El primer contacto con la vida es a través de una mujer. Viví, como todos, nueve meses en el vientre de mi madre, crecí en ella, comencé a experimentar sensaciones, olores, sabores, sonidos a través de ella. Qué maravilloso vivir dentro de esa cúpula tibia y segura, que filtraba por mí, aquellos estímulos que podían ser nocivos.
Supongo que en algún rincón de mi mente llevo grabado el instante exacto de apego, de contacto piel a piel con el pecho de mi mamá, luego del trauma del nacimiento. Volver a sentir su olor, su calor, la suavidad de su piel pegada a mi rostro.
Crecemos con una mujer al lado, la más hermosa, que te defiende, te cuida, te protege, que te acaricia y te ama. Y todo eso gratis. 

Pasa el tiempo y llega aquella bendita etapa llamada adolescencia. No sé si a todo el mundo le pase, pero al menos yo me alejé de mi mamá. Y aparecieron otras mujeres y comenzó algo que jamás había experimentado. Sentir que el corazón se te acelera, que tienes mariposas en el estómago o que tienes un nudo en la garganta. Y todo eso por una mujer, a la que probablemente ni siquiera te atrevías a decirle una palabra.
Cuantas horas felices, cuantos sueños, cuantas esperanzas, cuantos nombres de futuros hijos ideamos juntos con ella, con ellas. Que difícil amar a una mujer en esta sociedad machista. Saber que por ella podrías hacer cualquier cosa y soportar los constantes embates de tus amigos que quieren quitarte esa sensación porque somos "machos". Y también cuantas lágrimas no tuvimos que derramar por un desamor.
Creo ser un bendecido. Las mujeres importantes en mi vida son grandes mujeres. Que valientes para soportar el dolor, la discriminación, las angustias, la maternidad, el matrimonio, la muerte. Las admiro a cada una de ellas, en especial a mis madres (mi mamá y mi tía). Que cojones hay que tener para ser mujer, para entender que ese dolor insoportable está ligado a dar vida, para soportar cada una de las pruebas que día a día aparecen, el trabajo de llegar al trabajo y ser profesional y el trabajo de volver a casa a seguir siendo madre, esposa, amiga, confidente, amante, apoyo y pilar de la vida de todos quienes estamos a su alrededor.
Qué bendición más grande la de regalar vida.
Un pequeño homenaje a todas las mujeres que he querido, a esa que inspiró este blog tal vez sin saberlo, a las que he olvidado con el pasar de los años, a las que ya no están pero que recuerdo con alegría en el corazón. A las que me han querido como amigo, hijo, hombre y han dejado huella en mi vida.
Gracias por ser infinitamente mujeres.
(Fotografía: Madre e hijo. Gustav Klimt; Día Internacional de la Mujer, 8 de Marzo).
1 comentario:
este si que me ha gustado, deberiamos aprender a disfrutar de lo q tenemos.
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