jueves, 13 de marzo de 2008

Que 80 años no es nada...

A veces hablar de uno es difícil. Qué decir, qué contar, qué recordar. ¡Pero hablar de un padre! Eso sí que resulta complicado.
Mi padre, mi papá, mi viejo. El día 10 de Marzo cumplió 80 años, toda una vida. Una vida larga y llena de historias. Desde cuando empezó a trabajar, a los cinco años, vendiendo calugas y tomates en las "liebres", los microbuses de esa época. O cuando trabajó lustrando zapatos en la plaza y le pagaron algunos pesos por boxear con otro lustrabotas.
Y así, pasaron mil historias, como por qué llegó a jugar fútbol, cuando tenía 17 años y terminó jugando en Audax Italiano como profesional... Hasta que lo lesionaron. Obvio.
Mi papá el chofer de "liebres", el que perdió un dedo en la maestranza, el "Tira" que desbarató a la Tía Carlina y todos sus travestis y que luego recibió un disparo en el cuello. Mi viejo el chofer de taxis que fue atacado con una bomba molotov y salvó de milagro (por segunda vez), el conductor de camiones y que aprendió a manejar en un camión repartidor de hielo, el asesor de gobierno en tiempos de Pinochet. El padre de muchos hijos y esposo de muchas mujeres; el padre tantas veces ausente, tantas veces superhéroe, tantas veces castigador.



Mi padre. El de mil historias, que tantas veces aborrecí y otras tantas admiré con lágrimas en los ojos. Es sin dudas, esa gran cantidad de historias, lo que ineludiblemente me ha llevado a querer competir en anécdotas y que me ha llevado a ser tan disperso muchas veces.
Mi padre el humano, el que cada día veo más anciano y apagado por el peso de los años que poco a poco se le han venido encima. Mi padre el que ya no hace cosas con maldad, el que dejó atrás ese temperamento de tromba al cual yo tanto le temía.
Tantas mañanas de Domingo, con Alodia Corral y esos tangos que yo detestaba y que ahora me llenan la cabeza de tantos buenos recuerdos.
Mi viejo, mi ídolo, pero al cual nunca imitaría (al menos concientemente), al que le he enrostrado mis verdades más dolorosas, el que me enseño que los hombres no lloran, pero al que he visto llorar un par de veces.
El pelado, el Pepe, tan incostante, tan etéreo y esquivo, tan risueño, como yo, como mi hermano, tan vital e intrascendente. Tan niño pese a sus largos años. Seguro que el amante ideal, al menos para mi madre que ya lo ha aguantado por 50 años, tan juzgado por nosotros y tan intransigente con los demás. El que perdió a una hija y que cobró una vida en venganza.
Ese, mi padre, que se apaga lentamente, cada día un poco más, que casi ya no vive el hoy, sino que sigue pegado en el ayer, en sus mil historias, en sus infinitos desequilibrios y con su forma tan peculiar de amar. El que me inyectó esa fuerza infinita por buscar, por investigar, por hacerlo y probarlo todo para saber que es lo mejor para luego quedarse allí.
Todo esto, mi homenaje, para el hombre más humano que he conocido, lleno de tentaciones y esperanzas, lleno de contradicciones y certezas. Mi padre. Al que sin lugar a dudas ha aprendido a amar con el correr de mis 30 años.

Feliz cumpleaños, Papá.


(Fotografía: Mis viejos, en Diciembre de 2007. Cumpleaños de mi papá, todos los 10 de Marzo desde hace 80 años)

1 comentario:

valeria dijo...

Qué lindo homenajear a los padres, mejor aún cuando sabemos que no son perfectos y aun así los amamos con sus imperfecciones.
Miles de historias las de tu padre... y me acabo de dar cuenta de que casi nunca había sabido de él... en los diez años que nos conocemos.
Un beso.